jueves, 14 de marzo de 2013

38 años del asesinato de Orlando Martínez


Este domingo 17 de marzo se cumplen 38 años del asesinato del periodista Luis Orlando Martínez Howley.
Fue el 17 de marzo del año 1975 en el apogeo de los tenebrosos 12 años del Presidente Joaquín Balaguer.

Martínez luchó por principios que tienen vigencia hoy, lo tendrán mañana y siempre, como era la libertad de expresión, la defensa de los derechos humanos y una Patria mejor con igualdad para todos.

Este consagrado periodista tuvo la valentía de cuestionar la forma de gobernar de Joaquín Balaguer.

Los artículos de Martínez apuntaban a la responsabilidad del Gobierno de entonces debido a los crímenes que se cometían.

En esta fecha, se cumplen 38 años del asesinato a manos del crimen, de un humilde periodista que amaba a la gente y soñaba con una República Dominicana igualitaria donde todos puedan acceder a lo necesario y que acabara la riqueza de unos pocos en detrimento de la miseria de las mayorías.

Durante los 12 años de Balaguer hubo demasiados muertos, víctimas diversas, sufrimientos, esperanzas traicionadas, impunidad como para afrontar esta recordación sin llamar a las cosas por su nombre, identificar a los verdaderos culpables y a sus cómplices e intentar sería convertirnos con nuestro silencio en verdugos de los mártires. 

Aquello fue un atroz crimen que acabo con su vida, y a la hora de su muerte era jefe de redacción de el periódico El Nacional y director de la Revista Ahora.

Orlando fue un verdadero mártir del periodismo dominicano y quien no reunía el perfil de un hombre que buscaba la prensa para hacer réditos para fines personales pecuniarios.

Lo suyo era ser un quijote del periodismo dominicano, alternativo, que peleó contra los molinos de viento de este sistema capitalista criminal que encabezó Joaquٕín Balaguer, que pensaba que todo era mercancía que lo compraba y vendía.

Desde su comunna "Microscopio"  denunciaba a los criminales,los atropellos del régimen, entre otras atracidades.

Los militares que palnificaron y mataron a Orlando Martٕínez eran personeros de Balaguer que defendía su régimen como "el estiércol del demonio" y que su accionar generaba preocupación, inseguridad, y malestar.   

Hoy estamos recordando a Orlando, pero el mayor homenaje que podemos hacerle  es seguir sus pasos, tomar la posta que él nos dejó; ya que él fue consciente de la realidad que nos rodea en los actuales momentos.

Él nunca vivió condicionado a la ilusión de los placeres materiales efímeros que el mundo nos ofrece, nunca tuvo vacaciones en su misión, ni grandes ahorros en el banco, ni casa propia adquirió.

Entregó su vida por su amor desinteresado e incondicional a nosotros, al entender que los pilares que soportan la solemne e imponente construcción del amor, de la paz y de la justicia son el sacrificio, la renuncia y el servicio.

Estos son los valores que encarnan a los testigos de la verdad, los emúlos de Jesús.

Orlando, sin duda, se ungió de estos valores supremos, el era un mensajero que por medio de su "columna Microscopio"  buscaba despertar la conciencia de la gente, quitarle de la ignorancia en que vive.

Su estilo de hacer  periodismo era una verdadera osadía en un país acostumbrado a una prensa y periodismo mercantilista, oportunista,  manipulador de las informaciones, legitimador de las grandes desigualdades sociales aun vigentes en el país,- que criminaliza a las victimas y que defiende como perseguidos a los grandes delincuentes.
   
Pero el mayor aporte que Orlando Martínez nos legó, y nos enseña con su vida, es la causa de su martirio en este atormentado planeta, es que no se puede cambiar nada en la sociedad, ya sea en la familia, en los partidos políticos, en las religiones, en las diversas organizaciones civiles,  dentro de uno mismo sino entregamos todo lo que tenemos por amor al prójimo, incluso la vida misma.
38 años de su desaparición física, ha sido una constante de que permanece en el corazón de cada dominicano censato, de que el no ha muerto nunca, sino que vive  en la voz y las piernas de periodistas honorables.

Deseo desde lo más profundo de mi corazón que se pueda acabar en el país los crimenes contra ciudadanos honrados, que halla una justicia real y verdadera contra los asesinos y que se actúe contra ellos con la misma fortaleza que ellos ejecutan sus acciones.

Aqui tiene que haber integridad y honestidad como la tuvo este mártir, aunque sea un grano de arena, a imitación  de lo que este grande hombre realizaba cada día.

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