miércoles, 10 de agosto de 2016

Condenado a muerte el fotógrafo “Durmiente Nefasto” por asesinar a diez mujeres desde 1980 al 2007.

Lonnie David Franklin Jr

Lonnie David Franklin Jr, el fotógrafo “Durmiente Nefasto” ha sido condenado a pena de muerte por el asesinato de diez mujeres en serie desde 1980 al 2007, crímenes que cometía en Los Ángeles, Estados Unidos.
 Las fotografías pegadas a la pared del pequeño cuarto en aquel suburbio de Los Ángeles eran el telón de fondo para que Lonnie David Franklin Jr. cultivara una de sus pasiones: observar mujeres hermosas.
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Con un vaso de cerveza y fumando sus Kool mentolados miraba detenidamente el rostro de aquellas muchachas y podía sacar de cada una de las expresiones, marcas que la vida no puede ocultar, el secreto de su alma.
Por lo general, eran personas castigadas por la familia, la sociedad, ese tipo de clanes.
Lonnie David Franklin Jr. sacaba fotos mientras la policía encontraba cuerpos tirados a un lado de la carretera en el Sur de Los Ángeles.
La mayoría eran jóvenes prostitutas afroamericanas.
Tenían lastimaduras en el cuerpo y ese tiro maldito que terminaba de una buen vez con todo.
De aquellas muchachas, una había sobrevivido. 
La joven “LA Weekly” había logrado tener una entrevista en que daba pistas inteligentes sobre el asesino.
Era un hombre de raza negra de alrededor de 30 años.
Mostraba cierta arrogancia y pulcritud, buena ropa.
La muchacha describía el auto del criminal como un Ford Pinto naranja con una línea blanca en el capó.
El hombre había ofrecido llevarla a su casa, pero ella se negó en un primer momento.
Fue persistente y ella se subió al auto.
Enseguida le cautivó el tablero dorado, con detalles en nácar, el confort que le dio a la muchacha la seguridad de que su dueño era alguien de confianza.
Así le pareció bien comentarle que sabía de una fiesta por la zona y que tal vez podrían ir juntos.
Lonnie David aceptó, pero antes debía detenerse en la casa de su tío.
Luego de pasar caminos arbolados, doblar en calles sin nombre, llegaron al destino.
Por el espejo retrovisor la muchacha vio que los dos hombres discutían.
Por primera vez sintió miedo.
Lonnie David subió al auto de pésimo humor.
La muchacha quiso que volvieran por la carretera, pero él sacó su revólver y le dio un balazo en el pecho.
El hombre se abalanzó contra ella y la violó.
No era todo: antes de tirarla en la carretera empuñó su Polaroid y le sacó una foto.
El flash de la cámara fue lo último que vio aquella noche de pesadilla.
En la carrera de asesinatos de Lonnie David había huecos.
Sin motivos aparentes, los crímenes de detuvieron en 1988, para comenzar otra vez en el 2002.
En ese paréntesis de años la policía de Los Ángeles investigó hasta darle cierta identidad al asesino.
Pero no bastaba.
Necesitan más pruebas.
Se puso una recompensa de 50 mil dólares.
Un día, la policía recibió una llamada anónima.
Esa voz hablaba de un tal Lonnie David Franklin Jr. En los archivos policiales estaba su nombre y datos: 57 años, mecánico, había trabajado algunos años para la ciudad de Los Ángeles en el Departamento de Sanidad.
Había estado preso por robar casas.
El dato encajaba perfecto con los sospechosos.
Sin embargo no le habían sacado muestras de su ADN.
En aquellos años y por ley estatal, a los ladrones de ese tipo de delitos no se les extraía el ADN.
La policía no podía encajar los pocos rastros de ADN hallados en la escena de los crímenes con el de los sospechosos.
se decidió una práctica que era común en Inglaterra pero no tanto en Estados Unidos: por esos días un muchacho llamado Christopher había caído preso por porte ilegal de armas.
El detenido era el hijo de Lonnie David.
Ahora sí, gracias a una ley aprobada en el 2004, la Proposition 69, el estado debía tomar ADN a todo aquellos que hubieran cometido delitos como el del muchacho.
Pero esa investigación tiene otra vuelta de tuerca curiosa, pero real: los detectives, que siguieron en silencio al que creían era el asesino, usaron un pedazo de pizza que Franklin Jr. había tirado a la basura para tomar muestras de su ADN, ya que los delitos menores del sospechoso habían sido cometidos antes de la Proposition 69.
Por esta manera de llevar el caso hubo controversias, se esclarecieron los crímenes: el ADN que se había tomado de las víctimas encajaba con los de su hijo y con los de Franklin Jr.
Las fotografías de mujeres halladas en su hogar –una colección que pasaba las mil– fueron la última pista para llevar a Lonnie David Franklin Jr. a la cárcel.

Culpable de diez asesinatos, el delincuente fue sentenciado a cadena perpetua.

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