martes, 13 de junio de 2017

Honrar las ideas: es signo de coherencia.

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Por: Ramón Antonio Veras.

I.- El apego a las ideas políticas

1.- Por muy degradada que esté una sociedad, en su seno necesariamente hay personas que no se corrompen, porque están formadas para permanecer inmunes a los vicios sociales; intactas ante las tentaciones que puedan presentarse; ser extrañas a las seducciones pecaminosas.

2.- La realidad histórica de nuestro país ha demostrado que no obstante el estado calamitoso que se encuentra el medio social dominicano, todavía es posible contar con mujeres y hombres de valía, que pueden exhibir una página limpia, de comportamiento correcto, sin tachas.

3.- La reciedumbre de buena formación, el vigor en el buen proceder, y la entereza de vida ejemplar se hace más notoria en la medida que el medio social se debilita en lo ético y moral, porque es ahí donde sobresale el aguante, el aplomo de quienes están libres de flaquezas.

4.- Aquellos que están educados para ser íntegros; instruidos para ser probos y honrados por entero, pueden moverse en agua y tierra firme, y nada les modifica su carácter, porque fueron adiestrados  para vivir dignamente en la línea de ser coherentes en su pensar y actuar.

5.- Quien predica la necesidad de crear una sociedad justa debe mantener una conducta inquebrantable, inequívoca e incuestionable. La concordancia de vida hace posible al actor ser visto invariable en sus ideas, libre de duda en su accionar, sin sospecha en su mensaje y en sus actuaciones.

6.- El apego a las ideas políticas debemos llevarlo a cabo con firmeza; quererlas con el convencimiento de que nos simpatizan porque son buenas, sanas y convenientes para el bien de la sociedad. La inclinación a ellas ha de ser el resultado del cariño finamente cultivado en nuestra conciencia, lo que nos lleva a ligarlas en forma indisoluble en nuestro pensamiento.

7.- Aquel que en política se ha mantenido meritorio defendiendo su ideario, debe conservar su honorabilidad, sin tomar en cuenta lo deshonrosa que está la politiquería; lo vergonzoso, oprobioso y afrentoso que es ser político vinculado con el sistema. El proceder desfachatado, descarado y atrevido ha hecho que la política sea vista como algo que degrada, propio de truhanes.

8.- La ideología que se abraza debe ser enaltecida por quien la propaga; encumbrada por el que procura hacerla atractiva; engrandecerla con actuaciones el individuo que la defiende como lo correcto y adecuado para que prevalezca sobre las que se le oponen. La forma de pensar y actuar define a la persona y a sus ideales.

9.- La persona de ideas liberadoras hace trabajo político en base a exponer con claridad, porque procura orientar con sinceridad, a diferencia de los politiqueros que tienen como finalidad sembrar en sus seguidores la confusión, la vacilación y la incertidumbre.

10.- Solamente es posible la aprobación de los pueblos a las teorías que les transmiten sus dirigentes cuando están conscientes de dar su consentimiento a lo que es conforme a su demanda, aspiración y sentir. Es una anuencia fruto de la conciencia.

11.- Es de fiar aquel que es consecuente con el plan que predica demostrando así lealtad a sus convicciones y, de igual manera, se hace merecedor de consideración en política quien por devoción a sus creencias cumple con exactitud lo que es de interés para la generalidad de los miembros de la sociedad.

12.- Da prueba de honradez en las actividades políticas aquel que con el fin de materializar sus creencias llega hasta el sacrificio. La nobleza tiene significación cuando el actor político le hace honor levantándola por encima de conveniencias particulares.

13.- El luchador político demuestra ser coherente en sus actividades cuando plantea, elabora planes sociales confiables y motiva confianza en el seno del pueblo. La seriedad en política genera seguridad, creencia y certidumbre en quien levanta sus ideas con entusiasmo, aplomo y mensaje de esperanza.

14.- El ciudadano o la ciudadana de firmes convicciones, que honra sus creencias y confía en la potencialidad de su pueblo para cambiar el país para bien, tiene un compromiso ineludible; un deber que no puede soslayar; y mucho menos transigir comportándose indiferente ante la cochambre que nos afecta.

15.- Todos aquellos que se iniciaron en la actividad política movidos por ideales, deben mantenerlos con  la compostura, la dignidad y la mesura que caracteriza a los que luchan sinceramente por cambios sociales,  aunque hoy se encuentran haciendo política en el pantano nacional dominicano. El estado de gravedad de una sociedad no impone la actuación incorrecta, el descaro político.

16.- Sin importar la vehemencia y el entusiasmo que se manifieste, el sentir político debe ser ejercido conservándola creencia con decencia, porque ella refleja la conducta del accionante. Actuar en forma iracunda es un reflejo de que no hay madurez y que el arrebato se ha apoderado de quien quiere imponer su criterio a rajatablas, atropellando sin miramientos, desconsiderando sin contemplación alguna.

II.- Predominio de las ideas atrasadas

17.- Las ideas que emanan del sistema social predominante influyen en la generalidad de los integrantes de la sociedad, por lo que quienes sostienen criterios ideológicos distintos están en el deber de permanecer alerta porque pueden ser penetrados, o de cualquier forma condicionados a actuar como conviene al orden establecido.

18.- La penetración de la ideológica retardataria resulta dañina para aquel que está en la brega política con el objetivo de cambiar la situación actual, es decir, el modo de vida que impone el statu quo. Pero aunque es difícil mantener la pureza de las ideas, hay que tratar de que no sean totalmente contaminadas por las de los adversarios.

19.- La práctica diaria nos está diciendo que, quiérase o no, las opiniones, los pareceres, los criterios más absurdos y aberrantes   han logrado influir en amplios segmentos de la sociedad dominicana. El modo de ver la realidad nuestra ha sido condicionado por las ideas que buscan justificar el mantenimiento del sistema y, principalmente, el actual modelo económico y social.
20.- Aunque es un absurdo, una desviación, querer justificar la desigualdad y un descarrío defender las lacras sociales que genera el orden actual, la verdad es que contra todo acierto, prudencia y tino, se están imponiendo las consideraciones, teorías y creencias que mantienen a la mayoría del pueblo apegado al pensamiento del atraso, de lo que significa atavismo.

21.- Por más esfuerzo que se ha hecho, lo que pinta la realidad es que en nuestro medio se han impuesto, y siguen imponiéndose, las ideas conservadoras y tradicionalistas, y no han prendido las renovadoras. Lo ancestral, lo secular está por delante de lo innovador.

III.- Las ideas nuevas que convienen

22.- Lo ideal fuera que lográramos que la niñez dominicana comenzara a ser formada con una concepción de la vida que se fundamente en ideas renovadoras, principios éticos y morales de nobleza, honorabilidad y correcto proceder.

23.- Para el porvenir de nuestro país conviene, que lo mejor de la juventud actual se interese en formar familias que sirvan de modelo en sus actuaciones; personas a ser imitadas por tener criterios bien acabados de sensibilidad, cultivados en valores que sirvan como paradigmas y muestras de el buen vivir en forma civilizada.

24.- La formación de los futuros dominicanos y dominicanas debe estar orientada para que   su proceder esté ajustado a lo que conviene a la sociedad, no a las apetencias personales. El alma, cuando se educa en lo social, se convierte en una fuerza que hace posible estructurar una comunidad humana con voluntad dirigida al colectivismo, y no al individualismo que sólo conduce al egoísmo.

25.- El brillo, el esplendor de una sociedad se evidencia cuando sus miembros han sido educados para manifestarse satisfechos por cumplir voluntariamente con las acciones de solidaridad, revelando así su desprendimiento, lo estupendo de su forma de proceder.

26.- Cumplir tareas en provecho de los que representan a la mayoría se logra cuando se instruye para que se practiquen ideas que sirven como guía para la acción de la ruptura de las cadenas de la opresión.

27.- Para renovar una sociedad atrasada como la dominicana, se impone llevar a la conciencia de los más lúcidos y sensibles la idea de que no podemos continuar viviendo como hasta ahora en lo material y espiritual, y que se hace impostergable un cambio para hacerle   la vida menos pesada a lo que aquí son los más.

28.-  Debemos actuar con el convencimiento de que no es posible modificar el orden económico y social actual esperando que lo hagan los sostenedores de las ideas del pasado, que no son otras que las mismas que conservan, mantienen el statu quo, y son incapaces de remplazarlo  por otro diferente.

29.- El país nuevo que merecemos, necesitamos y queremos debe ser obra de mujeres y hombres con criterios y conceptos novedosos; de pensamiento fresco, cultivado, debidamente adecuado al signo de los tiempos. El modelo que lamentamos padeceres arcaico, vetusto, no sirve ni como pieza de museo. Su lugar es el zafacón.

Reflexiones finales

a.- A un pueblo cualquiera resulta difícil cambiarle la  ideología nociva que tiene arraigada por la influencia de las ideas predominantes en el medio donde vive, pero hay que hacer esfuerzos  por extirpar, desarraigar aquellos conceptos que en nada bueno contribuyen a la sana educación y formación ciudadana y cívica.

b.- Por la ruta que vamos, en lo que a ideas progresistas se refiere, la realidad nos está diciendo que hay que cambiar de dirección, porque la preparación educativa en ese sentido ha resultado, si no fallida, por lo menos deficiente, carece de méritos, lo que se evidencia por las actuaciones de nuestros paisanos.

c.- Debemos armarnos de ánimo, empuje y absoluto aplomo, para derrotar el atraso y el pesimismo, apoyándonos en nuestras propias fuerzas y convicciones para salir adelante; y con la firme creencia de que las actoras de la historia y los cambios sociales serán las masas populares compuestas por los mejores hombres y mujeres del país.

d.- Con todo pesar hay que decir claramente que las ideas nuevas están en desuso en la actividad política del país, porque ya no se valora lo fidedigno, auténtico y sincero, sino lo hipócrita y aparente. Estamos en el periodo de lo solapado, falaz y taimado y, al parecer, mientras más falso, dudoso e inexacto, mejor.


e.- Ante los engaños de que ha sido víctima nuestro pueblo, necesita tener en la política a personas en quien confiar. La confianza, el tener por cierto ha desaparecido en el medio político, porque lo que ha primado es el chismoso, el intrigante, el difamador, pura y simplemente el infame que disfruta con el descrédito de quien lo ha ganado por un comportamiento firme, responsable, honesto, coherente y sin pasarle factura al pueblo dominicano.  

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