martes, 2 de agosto de 2016

Ordenan 4 nuevos sacerdotes; Obispo pide luchar, amar a los pobres, presos y desamparados.


Ordenan sacerdotes y diacono.

Por Pedro Fernández y Marcelo Peralta San Francisco de Macorís, R.D.-El Obispo de la Diócesis de San Francisco de Macorís, su Eminencia Reverendísima, Monseñor Fausto Ramón Mejía Vallejo, llama a los nuevos obispos ordenadores a luchar, amar las personas que están presas, enfermos y aquellos que están atravesando por crisis económicas.

 
Mejía Vallejo llamó a los nuevos sacerdotes a luchar, amar a la familia dividida, por la justicia, la paz, la unidad, que siempre consuelen y nunca busquen ser consolado. Las palabras de la alta autoridad religiosa se produjeron en la homilía donde fueron ordenados como sacerdotes Exequiel Martínez, de la Parroquia San Francisco de Asís; Pablo Serrano, Carmelo Méndez y José Luis Rodríguez García. También, del diácono transitorio, Eustaquio Rodríguez de la Cruz. El mitrado habló en la ceremonia de Ordenación Sacerdotal de esos sacerdotes pertenecientes a la Diócesis San Francisco de Macorís, provincia Juan Pablo Duarte en la Región  Nordeste.

“Hoy ustedes alcanzan su madurez, plenitud y la invitación que Jesús les hizo un día, diciéndoles: Préstenme sus manos para seguir bendiciendo, sus corazones para seguir amando, sus lenguas para continuar anunciando la buena nueva del Evangelio y sus pies para seguir llevando la misión evangelizadora a los demás”.

La máxima autoridad religiosa insta a los ordenados, que el sí que ustedes han dado al Señor, es igual o parecido al sí que de la Virgen María pronunció en la anunciación, que hizo posible de inmediato la unión del cielo y la tierra, lo humano y lo divino, al entrar Jesús en su vientre virginal.

“El Señor con ustedes iniciará una historia nueva, donde traerán a Jesús a los hombres y mujeres, y a la vez llevarán a estos ante Dios”.

Y sostiene que lo hermoso y grandioso de la Virgen María, fue que su sí lo entendió en clave de servicio y por eso de inmediato se fue a ponerse a disposición de su Prima Isabel.

“Hagan ustedes lo mismo, les diría el Señor”.

“Ustedes han dado un sí en esta sociedad de hoy que tiene sus luces y sus sombras; deben darlo con la conciencia de que en cualquier época histórica, donde quiera que hay seres humanos, limitaciones, pequeñeces, grandezas y triunfos; por lo tanto, que no se les ocurra pensar y decir “que cualquier tiempo pasado fue mejor”, porque éste es su tiempo; y el cristiano que sigue el proyecto de Jesús, avanza confiado, con optimismo, con la seguridad de que el Señor tendrá la última palabra y de Él será la Victoria final”, dijo Mejía.

El obispo de la Diócesis de San Francisco de Macorís exhortó a los ordenados aquí recordar que el porvenir es más bello que todos los recuerdos, que nos dirá Rabindranav Tagore.

Es verdad que atravesamos una sociedad herida por los signos de muerte, zarandeada por una gran turbulencia, donde el individualismo niega lo esencial del ser humano que es su dimensión social; y por eso, como dice el Papa Francisco, es una sociedad que produce exclusiones, iniquidad, injusticia, que lleva a muchos a la delincuencia, al dinero fácil, al placer sin límites y al consumismo como dé lugar.

Pero por eso y para eso es que el Señor les llama y les invita a que vayan en su nombre, a vendar heridas, enderezar lo torcido, acercar a los que están lejos, curar a los enfermos, unificar las familias, orientar a la juventud, en fin, a santificar al pueblo de Dios.

Eso significa que tienen que responder al llamado de Dios que les dice, “Y a quién enviaré?”, y ustedes dirán “aquí estamos Señor para hacer tu voluntad; mándanos a nosotros”.

Las exhortaciones finales, Monseñor Fausto Mejía expresa a los nuevos ordenados a que trasmitan a todos la palabra de Dios, que han recibido con alegría.

Procuren creer lo que leen, enseñar lo que creen, practicar lo que enseñan.

Que sus enseñanzas sean alimento para el pueblo de Dios, que sus vidas sean un estímulo para los discípulos de Cristo, a fin de que con sus palabras y sus ejemplos, se vaya edificando la casa, que es la Iglesia de Dios.  

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