martes, 16 de enero de 2018

Un regidor de perfil violento.


Por Marcelo Peralta
Los actos de violencia ejercidos por los golpeadores cíclicos tienen un carácter privado y repetitivo.
Esas personas del comportamiento exhibido por el del regidor Ramón Bonilla La Chispa que agredió al profesor y dirigente comunitario Leo Reyes en plena sesión en el Ayuntamiento de Mao, parecen tener una doble personalidad.
Son de las personas que se comportan de una manera cuando están en su hogar con su pareja, y de otra muy distinta cuando están en público.
Suelen ser amistosos con los hombres y poco propensos a enfadarse con ellos mismos y su furor se concentra en la mujer con la que están emocionalmente ligados.
El agresor, como fue su actitud y se evidencia en un vídeo que se ha hecho viral en las redes sociales se vuelve violento sin causa aparente.
Personas con el comportamiento de La Chispa, atraviesan ciclos de acumulación de tensión que no guardan relación con lo que los rodea.
Su actitud es en la reaccionan con ataque verbales y físicos cada vez más intensos.
Es de las personas que insultar y avergüenzan a su pareja delante de otras personas emitiendo fases del maltrato.
Ello es un proceso cíclico de acumulación de tensión y descarga violenta sin importar los escenarios en los cuales se encuentren.
A lo sumo dirán que está de “malhumor” o “un poco tenso”, no obstante, esas formas de actuar son  mecanismos de defensa frente al temor y sentimiento de indefensión que los invade.
Se debe a que poseen un concepto de sí mismo muy vulnerable y cuando están en esta etapa, los golpeadores pasan una y otra vez la “cinta grabada de prostituta”, que se obsesionan con esta pauta mental de inculpación, hostilidad y reproches fantaseados.
Son pensamientos que giran en torno a la infidelidad sexual, a los celos y en que el agresor lo aterroriza la idea de que su mujer lo abandone, ya que necesita desesperadamente de ella para definirse a sí mismo.
Esos hombres controlan el uso el uso del tiempo y del espacio que hacen sus mujeres y conciben sospechas ante cualquier contacto de éstas con otros hombres.
Consideran que todos los hombres ven a sus esposas como objetos sexuales deseables y las ocasiones en que la mujer corre mayor riesgo son cuando se separa, busca refugio y queda embarazada.
El marido teme que el bebé lo desplace en el afecto de su esposa y es en los momentos en que éstos hombres violentos explosionan con violencia física cuando se consideran acorralado.
Por eso es en esos momentos en que el agresor cae en un estado alterado, disociativo, en el que su mente parece estar separada de su cuerpo, en el que no tiene ninguna compasión por el dolor de su víctima, y en que la acción física le resulta placentera.
La agresión del regidor Ramón Bonilla- La Chispa- contra el profesor Leo Reyes, se evidenció que prosigue hasta que el arma está descargada, rota y exhausta.
Ahí es en donde entra la predisposición a sentir celos morbosos y los rasgos de personalidad más sobresalientes.
Si se trata de ejercer violencia contra su compañera sentimental el homicida fija su postura mental en el hecho de que  “No puede dejarme, “Si no puedo tenerla, nadie la tendrá”.
Queda evidenciado de que en este estado, el victimario cavila sobre la mala voluntad de su mujer.
Y cuando por fin explota, su rabia es incontrolable, quiere aniquilar a su víctima, la aterroriza y la humilla sin arrepentimiento y ni ternura.
Entonces, después de cometidos sus exabruptos, se presentan mecanismos de defensa que van desde la negación de lo ocurrido hasta las tentativas de expiación y las promesas de cambiar.

En mi opinión, nadie quiere estar en esta realidad, aunque, es algo que cada vez sucede más y que no podemos ignorar las innúmeras muertes de ciudadanos y mujeres en el país por causa de la violencia.

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