lunes, 14 de septiembre de 2015

Supuesta biznieta de Mateo Cepeda quiere que reconozcan los aportes que hizo.

Mateo Cepeda

Por Marcelo Peralta.
San Ignacio de Sabaneta, Santiago Rodríguez, R.D.- Melissa Caba supuesta biznieta de Mateo Cepeda, sugirió a las autoridades municipales, provinciales, congresuales, legaciones sociales y sindicales aunar esfuerzos y ejecutar alternativa orientada a reconocer las obras sociales que éste hizo a favor de la juventud y la sociedad.  

Caba dice que Mateo Cepeda, quien nació en Santiago el 15 de septiembre de 1897 y falleció el 9 de septiembre de 1976 a la edad de 79 años de edad.

Todos los domingos se traslada desde la ciudad de Santiago  al municipio San Ignacio de Sabaneta en la provincia Santiago Rodríguez en la Región Noroeste a hacer obras sociales y comunitarias.

De acuerdo a Caba, era un hombre, visionario, bohemio, solidario, humanitario, altruista, adinerado, bonachón, querido, aclamado, atraído que sus viajes a San Ignacio de Sabaneta el que definió como su segundo hogar.

Mateo viajaba junto a su hermano Polín Cepeda, un maestro constructor, que en poco tiempo se adueñaron de los corazones de humildes ciudadanos a quienes prestaba ayudas humanitarias.
Muchas obras de carácter sociales, caritativas, humanitarias, comunitarias favoreciendo a multitudes.
Su biznieta dice que a pesar de las ayudas y favores a Mateo Cepeda, ni siquiera una calle ha sido bautizada con su nombre en horno a esas loables y altruistas labores.
El oficio de Cepeda era espiritista, acaudalado, versátil, dinámico, altruista, diestro, bailaba, disfrutaba, bonachón, dinámico, pimentoso y gentil.
Quienes lo conocieron lo definen como un ser humano extraordinario, de cualidades excepcionales y que hizo de San Ignacio de Sabaneta su segundo hogar.
Sus viajes estaban orientados a realizar obras sociales y comunitarias y su lugar predilecto era el bar Tropical propiedad de Damián Núñez, que tiempo más tarde lo cambio por el Centro Bar.
Con el oficio de espiritista acumuló fortunas económicas que usaba en la compra de instrumentos para la banda de Música.
Además, compraba equipos al Cuerpo de Bomberos y donaba santos para las iglesias de San José y San Roque en Caimito.
Adquiría televisores para donarlos a los parques municipales, reparó la glorieta y la cancha.
Aportó el dinero y se hizo la verja que protegía la cancha ubicada en las calles Gregorio Luperon y hoy Darío Gómez.
Puertas de hierro de protección del liceo Librado Eugenio Belliard en la época que funcionaba en entre las esquinas General Gregorio Luperon, San Ignacio y Pedro Thomas frente al parte Patria, hoy bautizado con el nombre del profesor Juan Rosado Capellán. 
Ese dinero era parte de los que ganaba en su oficio de espiritista y los redistribuía a personas necesitadas residentes en barrios y zonas rurales.
Cada acción era aplaudidas por residentes, a pesar de sus bondades nunca ni siquiera una sola calle de aquí lleva su nombre.
En el 1963, Mateo Cepeda viaja al extranjero adquiriendo valiosos y costosos instrumentos que donó a la Banda de Música de San Ignacio de Sabaneta.
Esa agrupación musical era requerida por el presidente Rafael Leónidas Trujillo en los actos oficiales y en las inauguraciones de obras construidas en su gestión.
Sus integrantes eran dirigidos por reconocidos maestros que han brillado en el estrellato y poniendo de relieve la honra del municipio de San Ignacio de Sabaneta, provincia Santiago Rodríguez.
Los que conocieron a Mateo Cepeda resaltan sus bondades, desprendimiento, solidaridad y testifican que viajaba a Estados Unidos, Puerto Rico y España a comprar santos que donaba a templos católicos de Santiago Rodríguez.
Esa labor la realizaba en compañía del carismático y dinámico Pepe Ramos.
 Era una tradición de Mateo Cepeda viajar desde Santiago a San Ignacio de Sabaneta todos los domingos a hacer obras caritativas.
Se habría enamorado de la comarca contagiado con el verdor de su entorno, hospitalidad, solidaridad, sencillez, buen sentido del humor de sus gentes, higiene que presentaban sus calles y la convivencia colectiva.
Era un hombre de prestigio, de vestir impecable, lujosos vehículos de último modelo, gustaba de bailar, disfrutaba de la camaradería y su lugar predilecto de diversión era el Tropical Bar de Don Damián Núñez.
Ya con una edad avanzada sufrió un Accidente Cerebro Vascular-ACV-, llevado a Estados Unidos donde recibe asistencia especializada, sobrevivió, quedando con parálisis por cerca de un ano, siguió luchando y logró reponerse.
Los médicos recomendaron descanso y compró un carro de los ultimaos adelantos tecnológicos y se movilizaba desde Santiago hasta el municipio de San Ignacio de Sabaneta a continuar con sus obras sociales.
Murió y dejó un gran legado: Sus obras sociales y humanas sirviendo como marco de referencia a familiares, amigos, amigas, allegados.

A pesar de todo nunca se les conocieron hijos e hijas, pero sus recuerdos perduran en la memoria de cada uno de los sabaneteros por los frutos cultivados.

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