domingo, 30 de abril de 2017

El libro Mi vida entre dos monstruos.

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Por Ramón Antonio Veras.

El periodista, ingeniero y profesor Luis Amilkar Gómez, los días 8, 18 y 20 de abril en curso, en su ciudad natal Santiago Rodríguez, Santiago de los Caballeros y en el Distrito Nacional, puso en circulación el libro de su autoría Mi vida entre dos monstruos, el cual me permito comentar en este escrito.

La dimensión de la obra Mi vida entre dos monstruos, de la autoría de Luis Amílkar Gómez, que me alegra presentar, no solo reside en que con su lectura se logra tener conocimiento de lo que ha sido la vida de su productor, sino también la de nacionales de otros países que, por las mismas precariedades económicas, se vieron en la necesidad de transitar idénticos caminos en busca de salir de la inseguridad, inestabilidad y escasas posibilidades de desarrollo humano que tenían en su lar nativo.

El autor expone con sencillez sus peripecias en su paso por las escuelas primaria, intermedia y superior, así como sus inicios de corresponsal para un noticiero de la ciudad capital y de Santiago. Destaca, además, lo que fue su trance, su hazaña de ir a estudiar a un centro universitario capitaleño y las razones de peso por las cuales no concluyó sus estudios en ese centro académico.

La decisión de salir adelante, animarse para no ser vencido por las dificultades, es un mensaje de aliento que el autor de Mi vida entre dos monstruos envía a la juventud para que no se amilane ni demuestre flojedad.

Siempre es posible superar los inconvenientes cuando se tiene la voluntad de superar las barreras que están obligados a vencer aquellos que forman parte del amplio ejército de las víctimas de los sistemas sociales fundamentados en la desigualdad de oportunidades para los oprimidos.

Mi vida entre dos monstruos vale mensaje para quienes el medio donde viven se les presenta adverso; un aviso de que cada quien es dueño de su destino.
El autor, sin proponérselo, envía una misiva de aliento, hace un encargo de que los exitosos logran sus victorias, resultan laureados cuando deciden no darse por perdedores, fracasados ni rendidos, sino erigiéndose en perseverantes triunfadores.

Está comprobado que para sobreponerse no basta tener talento; se requiere, además, ser perseverante, demostrar tenacidad, insistir sin desmayo en el objetivo que se procura alcanzar. La inconstancia solo conduce al fracaso; los veleidosos terminan frustrados, rumiando penas.

En Mi vida entre dos monstruos, su autor demuestra con la exposición de las reflexiones extraídas de lo que ha sido su accionar, que su lucidez y capacidad no hubieran significado nada en el curso de su vida, si no las hubiese acompañado de insistencia, de estar dispuesto a reanudar luego de cada parada, de mantenerse en tensión, de empeñarse y no rendirse, de jamás claudicar.

El título “Mi vida en Santiago de los Caballeros” sirve de motivación a quienes no creen que la vida termina por decreto, concluye con un episodio, se cierra con una acción o remata con una pausa. Es un llamado a seguir adelante a los que con el duro trajinar demuestran que la superación no permite rezagos, que hay que estar listo para rebasar y llegar a la meta.

Leer los trabajos elaborados por el padre de Mi vida entre dos monstruos, desde el que tiene por rótulo “Pasaporte para un sueño”, continuando con “Rumbo a Moscú”, hasta llegar al que tiene por nombre.
 “Se acerca el momento de las definiciones”, es formarse una idea acabada de las situaciones que vivieron los estudiantes dominicanos becados en la Unión Soviética, y en particular las de Luis Amílkar Gómez.

No fue una existencia placentera la de los jóvenes que salieron de sus respectivos países a aprovechar la oportunidad que les brindaba para hacer una carrera universitaria sin costo económico alguno, porque si es cierto que recibieron las facilidades para sus estudios, estadía y alimentación, no es menos cierto que tuvieron que soportar dificultades, muchas de las cuales comenzaron desde antes de su partida, como fue el caso de la oposición de la familia de Manuel Mata, a que hiciera el viaje con fines de estudios en la Unión Soviética.

En su generalidad, los jóvenes dominicanos que junto a Luis Amílkar Gómez estuvieron becados en la Unión Soviética, dieron demostración de capacidad, porque no solo vencieron la dificultad del idioma ruso, sino que pudieron enfrentar el rigor académico. 

“Misión Cumplida” es el encabezamiento del escrito con el cual el creador de Mi vida entre dos monstruos les dice a los lectores que luego de años de sacrificios, coronó con el éxito sus sueños y anhelos; que hizo realidad sus ilusiones y ve materializadas sus aspiraciones.

Realizado el cometido que se había impuesto, con la denominación “Regreso a la patria”, el generador de Mi vida entre dos monstruos demuestra sentirse satisfecho, colmado de alegría porque llega a su país a desarrollar los conocimientos adquiridos mediante sus estudios universitarios.

Después de tantos sacrificios y limitaciones, pesares y aflicciones, ilusiones y anhelos, las esperanzas guardadas durante muchos años por Luis Amílkar Gómez, se vieron aniquiladas, frustradas, precisamente en su terruño añorado.

El autor de Mi vida entre dos monstruos deja constancia de que no se fue de su país, sino que lo empujaron para que saliera, le incitaron a que fuera a servirle a otro; le motivaron a irse, a desplazarse cargado de los buenos deseos que tenía para su patria; dirigirse a playas extranjeras, como vivo ejemplo de los cerebros gratuitos que recibe el país receptor, como consecuencia del fenómeno de la inmigración, por el desarrollo desigual de la patria de Luis Amílkar Gómez y de Estados Unidos.

Porque en su país le cerraron las puertas para entrar a aportar en un espacio laboral; porque le taparon las brechas por donde podía contribuir al desarrollo nacional dominicano, el autor de Mi vida entre dos monstruos explica en “La llegada a Estados Unidos”, lo que fue el duro inicio de su inserción, de cómo llegó a introducirse en las labores neoyorquinas.

No es fácil empezar una actividad cuando el actor pone a funcionar su cerebro en algo desconocido hasta ese momento. Necesita habituarse con lo que emprende, con lo inaugurado, a la espera de que en el futuro sea rutinario de tanto repetirlo. Algo semejante a un principiante es lo que Luis Amílkar Gómez, narra en su artículo “Mis primeros trabajos en Nueva York”:

Exactamente, porque Luis Amílkar Gómez se codeo, trató y directamente se relacionó con la materia prima de las bodegas en New York, los clientes del barrio y los vecinos más cercanos, pudo escribir y describir “La bodega es el alma del barrio latino”.

Al momento de llegar a formar parte del mundo de los vivos ninguna persona puede predecir cuál será el instante más arduo ni los tropiezos que tendrá que superar, porque a cada segundo se presentan trances, contrariedades que se convierten en verdaderos asuntos escabrosos.

Un problema complicado llega a ser superado por otro endiablado, lo mismo que uno delicado, vidrioso, se coloca por debajo de uno complejo. En fin de cuentas, todo se reduce a cómo supera el individuo la situación difícil que se le presenta. En la ocasión la dificultad que más pesa en su conciencia será la que le impondrá tomar la decisión adecuada para enfrentarla.

Es posible que quien comience a leer la obra Mi vida entre dos monstruos se forme la idea de que las peores dificultades que tuvo que enfrentar su autor fueron las causadas por la estrechez económica de sus progenitores durante su niñez; los obstáculos con los cuales se encontró para no poder continuar sus estudios en la UNPHU; las incomodidades con las que vivió en Santiago; los sufrimientos que soportó como consecuencia del accidente en el cual por poco pierde la vida; la aflicción por la desgracia de María y el fallecimiento trágico de Manolo; la angustia al no poder acceder en su país a un trabajo acorde con su investidura; el tributo que pagó ejecutando tareas como bodeguero y taxista, extrañas a su formación intelectual y académica, o la irritación al sentirse discriminado e injuriado por sus compañeros de labores.

Pero en las circunstancias que ocurrieron los citados hechos alrededor del autor Mi vida entre dos monstruos, y que constan en algunos de los artículos que conforman el texto que presento, no tienen la demostración de entrega, compromiso y sacrificios que pueden leerse en el escrito identificado con el epígrafe “Los peligros de la carretera”. El cual encierra la idea que expongo en el párrafo que se lee a continuación:

Durante su existencia, las personas se ven en la necesidad de enfrentar dificultades que las colocan en una especie de callejón sin salida. Luis Amílkar, al decidirse por vivir en Los Poconos en 20 Luis Amílkar Gómez unión de su esposa Rita, sus hijos Luis Armando y Stanley, y su hija Leah, y trabajar en Yonkers, se impuso la obligación de llevar una vida de aprietos, excitación,

incertidumbre y eventualidades. Se creó el deber de permanecer despierto desde las primeras horas de la madrugada; espabilado por necesidad de no estar ni un segundo soñoliento; nada de dormido ni medio dormido. Aunque cansado, trasnochado y con prisa por llegar a su destino, estaba impedido de quedarse dormido porque hasta adormitarse podía significar su muerte.

Por último, con relación al libro Mi vida entre dos monstruos, puedo calificarlo como memorias o confesiones, episodios vividos, expresiones de recuerdo o remembranzas de un luchador haciendo vivir el pasado.

Pero me voy a limitar a decir que la obra Mi vida entre dos monstruos, es la narración de una vida a tomar como muestra de perseverancia.

Recomiendo la lectura del libro Mi vida entre dos monstruos, porque resulta aleccionador conocer las condiciones como se formaron miles de profesionales de diferentes países subdesarrollados, y la solidaridad que les brindó la antigua Unión Soviética. 

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